Sembrar Contra la Sequía

Saberes campesinos y agricultura de conservación en el Corredor Seco de Guatemala

Por Eliane Hauri

6 min

Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), “El Niño es un término que fue usado por primera vez hace siglos por pescadores del Perú y Ecuador para referirse a las aguas inusualmente cálidas que, justo antes de Navidad, causaban una reducción de sus capturas”.

El Niño se caracteriza por el calentamiento anormal del océano Pacífico ecuatorial, oriental y central. O sea, el Pacífico que, entre otros, toca los territorios de América central y del Sur. El fenómeno de la Niña, es opuesto, se caracteriza por un enfriamiento a gran escala de la superficie del océano en la misma región ecuatorial.

En mayo 2026, un artículo del Pacific Marine Environmental Laboratory afirmó que a medida que se acerca la mitad del año aumentan la probabilidad de que se produzca uno de los fenómenos de El Niño más intensos de la historia: “El Super Niño”.

En Guatemala, el INSIVUMEH informó que, por ese evento, en 2026 podrían agudizarse fenómenos como el incremento de las temperaturas, las sequías, la canícula y una reducción de las lluvias, condiciones que afectarían especialmente a las poblaciones más dependientes de la agricultura que no poseen sistema de riego, como la mayoría de las y los agricultores de autoconsumo en este país.

Es fundamental entender que actualmente estos fenómenos meteorológicos se desarrollan en un contexto marcado por la crisis climática global, causada por las actividades humanas y las emisiones de gases de efecto invernadero de los países que más contaminan en el mundo: los más industrializados. Los países ricos en biodiversidad, como Guatemala, pero empobrecidos por los países industrializados interesados por nuestros recursos, somos los más vulnerables a la desregulación climática provocada por ellos. Asimismo, paradójicamente, los países que menos contribuyen a la contaminación global figuran entre los más vulnerables a sus consecuencias como nuestro país. En Guatemala, la reducción y la irregularidad de las lluvias representan un peligro creciente para la seguridad alimentaria y los medios de vida rurales.

Además, en Guatemala existe una zona que abarca unos 1,600km a lo largo de los departamentos del este, sur y norte del país que está sumida a una aguda crisis climática: El Corredor Seco. En esta amplia región viven unos 10 millones de personas.

Esta imagen de la red FEWS NET (Sistema de Alerta Temprana de Hambruna) muestra en color naranja la región del Corredor Seco. También, explica que en esta región sufre de reducción de cosechas por las alteraciones climáticas (sequías o inundaciones) afectan la agricultura y la ganadería lo que incide en la inseguridad alimentaria de la población.

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Un ejemplo de lo que las y los agricultores de autoconsumo viven día a día, lo hemos ilustrado en este artículo sobre Rosalía López.

Rosalía López / Imagenes cortesía Liliana Villatoro
Rosalía López / Imagenes cortesía Liliana Villatoro


Vivir y producir en el Corredor Seco

Rosalía López vive en la aldea Tesoro Abajo, en el municipio de Jocotán, Chiquimula, una de las zonas más afectadas por la variabilidad climática dentro del Corredor Seco centroamericano. Como muchas familias de la región, depende principalmente de la producción de granos básicos para su alimentación y sustento económico. Sin embargo, el aumento de las temperaturas, la irregularidad de las lluvias y las sequías prolongadas han hecho cada vez más difícil mantener la producción agrícola.

Rosalía López / Imagenes cortesía Liliana Villatoro
Rosalía López / Imagenes cortesía Liliana Villatoro

Esta situación no es aislada. Entre 2004 y 2014, el 88 % de las personas encuestadas en Chiquimula reportó cambios en la temperatura y el 96 % percibió cambios en los patrones de lluvia. Ante estos fenómenos, los hogares rurales enfrentan una creciente vulnerabilidad, ya que una mala cosecha puede significar la necesidad de buscar trabajo temporal fuera de la comunidad para complementar los ingresos familiares.

En el caso de Rosalía, agricultora de autoconsumo, la producción de su parcela resulta fundamental para garantizar la alimentación de su familia. Cuando las cosechas son insuficientes, algunos miembros del hogar deben emplearse como jornaleros en cafetales u otras actividades agrícolas para obtener recursos económicos adicionales.

Imagenes cortesía Liliana Villatoro
Imagenes cortesía Liliana Villatoro

Imagenes cortesía Liliana Villatoro
Imagenes cortesía Liliana Villatoro

Imagenes cortesía Liliana Villatoro
Imagenes cortesía Liliana Villatoro

Las soluciones que encontró Rosalía para enfrentar la sequía

Como se explica en el artículo, frente a estas dificultades, Rosalía ha desarrollado una estrategia de adaptación que combina conocimientos heredados de sus antepasados con prácticas aprendidas mediante procesos de asistencia técnica. Entre las principales medidas que implementa destacan las barreras vivas y barreras muertas, la utilización de cultivos de cobertura como la canavalia y la eliminación de las quemas de residuos agrícolas.

La canavalia cumple una función clave porque genera abundante biomasa que cubre el suelo y ayuda a conservar la humedad. Cuando la planta alcanza determinado crecimiento, Rosalía la poda y deja el material vegetal sobre la superficie del terreno. Esta cobertura se descompone gradualmente, protege el suelo de la radiación solar y permite conservar humedad durante los períodos secos.

Imagenes cortesía Liliana Villatoro
Imagenes cortesía Liliana Villatoro

Asimismo, construye barreras de piedra que disminuyen la velocidad de la escorrentía durante las lluvias intensas, reduciendo la erosión y favoreciendo la infiltración de agua. De igual manera, evita quemar los residuos de cosecha, dejando los rastrojos sobre el terreno para que funcionen como una capa protectora que conserva humedad y devuelve nutrientes al suelo.

Estas prácticas han permitido fortalecer la resiliencia de su parcela frente a la sequía y mejorar las condiciones para la producción de maíz y frijol, incluso en un contexto climático cada vez más adverso.

Vainas en el patio de la casa de Rosalía López secándose de la cosecha de 2023 / Imagenes cortesía Liliana Villatoro
Vainas en el patio de la casa de Rosalía López secándose de la cosecha de 2023 / Imagenes cortesía Liliana Villatoro


La teoría detrás de estas prácticas: agricultura de conservación y adaptación climática

Las estrategias implementadas por Rosalía corresponden a los principios de la agricultura de conservación, un enfoque promovido por organismos como la FAO para aumentar la sostenibilidad de los sistemas agrícolas. Este modelo se basa en tres principios fundamentales: mantener una cobertura permanente del suelo, reducir al mínimo la perturbación causada por la labranza y promover la diversificación mediante rotaciones o asociaciones de cultivos.
Desde esta perspectiva, el suelo deja de considerarse únicamente como un soporte para los cultivos y pasa a entenderse como un ecosistema vivo cuya conservación es esencial para la productividad agrícola. La cobertura vegetal protege la superficie contra la erosión, mejora la infiltración y retención de agua, incrementa la materia orgánica y favorece la biodiversidad del agroecosistema.

Este enfoque contrasta con los modelos agrícolas derivados de la Revolución Verde, que privilegiaron el monocultivo, la eliminación de la vegetación acompañante y la intensificación del uso de insumos externos. En cambio, la agricultura de conservación busca fortalecer los procesos ecológicos del sistema productivo para aumentar su capacidad de adaptación frente a fenómenos como las sequías prolongadas y la variabilidad climática.

El caso de Rosalía muestra cómo la combinación de conocimientos campesinos, experiencias locales y principios agroecológicos puede constituir una estrategia efectiva de adaptación para las familias agricultoras que habitan en territorios altamente vulnerables como el Corredor Seco de Guatemala.

El campo no tiene que ser abandonado, es el que nutre las regiones más pobladas del país: las ciudades. La crisis climática cada vez se irá agudizando más según lo explican personas expertas, y por eso mismo, se espera que el Estado invierta en el campo.

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